

. El domingo por fin fui buena madre, soporté estoica veinte grados bajo cero en el medio de una cancha, moviendo el cuello para ambos lados viéndolos jugar sus partidos.
. Terminado el encuentro encontré el bendito Parque Independencia al que Bautista quería ir desde hace dos meses, eligió el mejor día del año. Otra hora más paseando mis pies congelados y comprando cosas inútiles.
. Fin del paseo, ellos felices me lo agradecieron con 100 km de quejas y dolores, cansancio, hambre y mal humor.
Como resultado me quedó una contractura del lado derecho que no me deja mover el brazo y el principio de una gripe, el auto embarrado por dentro (mucho, mucho barro) hasta el volante y miles de balines desperdigados de un aire comprimido (de juguete no se asusten) con el que se sacudieron a la vuelta.
Pero el fin de semana estuvo bueno, el sábado disfruté de mis amigos todo el día, comimos, bebimos y nos reimos a morir. Nos despedimos de dos muy queridos que se van a vivir afuera y ojalá volvamos a ver pronto.
Me entretuve con una sesión de fotos que le hice a mi ahijada Manuela para la cual posó como una reina. Hasta me dí el lujo de bañarla y llenarle la bañera con espuma, ponerle el pijama, hacerle trencitas y después dormirla.
Los mios son unos demonios desagradecidos, pero verlos jugar me pone el corazón blando y me emocionan, el esfuerzo vale la pena mil veces más.

